Hace unos días, el pasado 21 de junio, se celebró el Día Internacional del Sol, una fiesta que pretende concienciar sobre la importancia de la estrella de nuestro sistema planetario, no solo porque permite que la vida florezca en nuestro planeta, sino también porque es una fuente de energía limpia e inagotable de la que todos podemos beneficiarnos.

El sol representa un aliado clave en la lucha contra el cambio climático, el mayor desafío al que se enfrenta nuestra sociedad, y muchos países han decidido basar su política energética en una apuesta decidida por la fotovoltaica. Gracias a la bajada en un 80% de sus costes en los últimos cinco años, en las recientes licitaciones internacionales esta tecnología ha demostrado haber alcanzado un alto nivel de competitividad que le permite ser incluso más barata que los combustibles fósiles. Entre estos países, destacan China, Estados Unidos, Reino Unido y Alemania, que en 2016 instalaron, respectivamente, 34,54 GW, 14,73 GW, 1,97 y 1,52 GW de nueva potencia fotovoltaica, según los datos de la Agencia Internacional de la Energía.

Ante este panorama, es desolador ver que España, el país del sol, haya dado la espalda a esta fuente de energía, y los datos de la nueva potencia instalada el año pasado en nuestro país, 55 MW, lo demuestran.

Las instalaciones de autoconsumo representan la mayoría de esta nueva potencia instalada, lo que nos permite observar que, a pesar de las barreras administrativas y económicas que existen en la actual regulación, el autoconsumo representa una alternativa viable y legal que sigue creciendo de forma constante.

Los beneficios del autoconsumo son numerosos: no solo es solidario con el medio ambiente, al evitar el uso de fuentes de energía contaminante, la emisión de gases de efecto invernadero, y reducir la importación de combustibles fósiles; sino, también, con todos los consumidores, al contribuir a abaratar el precio de la electricidad y la factura de la luz, porque genera competencia en el sistema eléctrico.

Además, el desarrollo del autoconsumo aporta beneficios para la economía, porque implica la creación de empleo directo, cualificado y local, contribuye a fortalecer la competitividad de las empresas, y fomenta el desarrollo tecnológico y la innovación.

Tanto grandes empresas como pymes de muchos sectores, como el agrícola, el alimentario, el industrial, consideran importante aprovechar los beneficios directos que aporta el autoconsumo, por lo que están apostando por él para reducir sus gastos energéticos y aumentar su competitividad. Entre los ejemplos más destacados está Ikea, que en España tiene instalados 40.000 paneles solares en sus tiendas y almacenes; la cadena catalana de supermercados y gasolineras Bon Preu, que el pasado marzo inauguró la mayor instalación de Cataluña en su almacén de productos refrigerados en Balenyà (Barcelona); y Viñas del Vero, una bodega del sector vitivinícola que cubre entre el 6% y el 7% de sus necesidades energéticas gracias a tres campos fotovoltaicos.

En la actualidad, hay poco más de 17 MW de instalaciones fotovoltaicas dadas de alta en el Registro de Autoconsumo del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital (MINETAD) y las Comunidades Autónomas que cuentan con más instalaciones son Cataluña, Galicia y Andalucía.

Aeste respecto, un punto de inflexión importante ha venido marcado con la sentencia que el Tribunal Constitucional publicó a finales de mayo sobre el conflicto positivo de competencia interpuesto por la Generalitat de Catalunya en relación con ciertos artículos del Real Decreto 900/2015.

Esta sentencia representa un hito porque, por una parte, reconoce que el autoconsumo compartido, una solución que hasta ahora estaba prohibida por el RD 900/2015, es una medida para garantizar que los edificios cumplan con los requisitos de eficiencia energética, y por otra, atribuye a las Comunidades Autónomas la competencia de gestionar el registro administrativo y de desarrollar la regulación para este tipo de instalaciones.

Este fallo abre la puerta a que el autoconsumo compartido se instale en urbanizaciones, grandes edificios de viviendas y otros edificios complejos con elementos comunitarios, para que varios usuarios puedan beneficiarse de la energía limpia que produce la instalación. Esperamos que este sea un paso en el camino hacia un cambio de mentalidad y que los ciudadanos se animen a apostar por esta solución para ahorrar en la factura de la luz y contribuir a reducir las emisiones de CO2.

Ahora la pelota está sobre el tejado de las Comunidades Autónomas, que tienen la oportunidad de ser protagonistas en el proceso de la transición energética desarrollando, de forma transparente y participativa, el reglamento necesario y adoptando un papel ejemplarizante en el fomento del autoconsumo compartido.

Algunas Comunidades Autónomas, como Cataluña, ya han puesto en marcha iniciativas para definir, junto con los actores del sector, un marco normativo claro para impulsar el autoconsumo colectivo.

Desde UNEF, queremos animar a todas las Comunidades Autónomas a que sigan el ejemplo de Cataluña y se conviertan en actores clave en este ámbito.

Elisa Noli
Responsable de Comunicación de UNEF

Artículo publicado en ERA SOLAR, edición 198