EN 2014, HEMOS ASISTIDO A LA CONSOLIDACIÓN MUNDIAL HACIA NUEVOS MODELOS ENERGÉTICOS SOSTENIBLES. LAS ENERGÍAS RENOVABLES, ADEMÁS DE SER MEDIOAMBIENTALMENTE NECESARIAS, SON YA COMPETITIVAS EN UN MERCADO LIBRE. LAS INVERSIONES EN RENOVABLES EN EL PASADO EJERCICIO SUPERARON LOS 300.000 MILLONES DE DÓLARES EN EL MUNDO, UN 16% MÁS QUE EN 2013.

José Donoso Presidente de UNEF

 

 

José Donoso Alonso.

Director General de UNEF (UNIÓN ESPAÑOLA FOTOVOLTAICA).

 

 

La energía solar acaparó el año pasado casi la mitad de estas inversiones, según un reciente estudio de Bloomberg New Energy Finance. Paradójicamente, mientras que a nivel mundial se batía un nuevo récord, con 40.000 nuevos MW instalados, España registraba en 2014 el récord de menor potencia instalada en nuestra historia reciente. 25 nuevos MW instalados de los cuales, por primera vez, los desconectados de la red superan a los conectados, con tan sólo 7 MW en estas circunstancias.

Esta apuesta internacional por las energías limpias -y la fotovoltaica en particular- está directamente relacionada con el grado de madurez y competitividad alcanzado por esta tecnología.

Desde 2007, la energía fotovoltaica ha reducido sus costes en un 85% y aventaja ya en términos económicos a tecnologías como la nuclear o el gas, tal y como han reconocido entidades de inversión como Lazard y UBS. La previsión es que estos costes sigan descendiendo en torno a un 3% anual.

El futuro es fotovoltaico. Según la consultora IHS, la demanda del sector crecerá en torno a un 25% en 2015. Por su parte, la AIE, entidad que ha venido siendo tradicionalmente conservadora en cuanto al crecimiento de la energía fotovoltaica, estima que la solar será la principal fuente de energía en 2050, con un 17% del total de la energía producida a nivel mundial.

Uno de los países en los cuales la energía fotovoltaica ha experimentado un desarrollo más interesante ha sido EEUU, donde ya está consolidándose como una tecnología disruptiva que está cambiando el modelo de negocio energético, permitiendo a los consumidores convertirse en actores centrales del mismo. No sin oposición por parte de otros operadores del mercado.

Sin embargo, España, que fue pionera en el sector y que cuenta con una capacidad tecnológica e industrial desarrollada, asiste impotente a la decisión del Gobierno de cortar en seco la producción renovable.

La contra-reforma aprobada por el Ejecutivo acaba con el principio de seguridad jurídica que debería garantizar las inversiones realizadas e incumple los compromisos adquiridos con las instituciones internacionales.

El recorte de 960 millones de euros que retroactivamente se ha aplicado a los proyectos fotovoltaicos ha producido que algunas plantas sufran un merma de hasta casi el 50% sobre los ingresos previstos a la hora de realizar la inversión, obligando a muchos propietarios a continuar explotando las plantas bajo amenaza de ejecución de garantías por parte de los bancos.

Con más de 300 recursos presentados, España es hoy el país con mayor número de peticiones de arbitraje ante la Carta Europea de la Energía, y es el cuarto país del mundo con más demandas en el CIADI y el único europeo entre los primeros puestos.

El impacto de la contra-reforma va aún más allá, ya que la inseguridad jurídica consolidada en el sector -además de penalizar injustamente a los inversores- producirá que en el futuro cualquier inversión en un sector regulado sufra una prima de riesgo equivalente a la de países de entornos geográficos caracterizados por su inseguridad permanente.

Por lo que respecta al incumplimiento de los compromisos adquiridos, con su contra-reforma, el Gobierno de España se aleja de la consecución en 2020 de los objetivos europeos de reducción de un 20% de las emisiones de CO2 , de un 20% de ahorro de energía y de un 20% de consumo final de energía de origen renovable.

La subida del término de potencia, las tarifas fijas, o el denominado “impuesto al sol” o peaje de respaldo al autoconsumo suponen una penalización directa a la capacidad de ahorro y eficiencia energéticos de las familias y negocios.

Lejos de avanzar hacia el cumplimiento de los objetivos y normas en materia de eficiencia energética y uso de las energías renovables, el Gobierno se empeña en poner trabas, tal y como demuestra con la dilatación de la aprobación de la regulación de autoconsumo y el “efecto espada de Damocles” que ya está teniendo el borrador del año 2012, que ha paralizado prácticamente las inversiones en este tipo de proyectos con conexión a red.

Así, España sigue evitando involucrarse en el desarrollo del autoconsumo energético -como sí están haciendo otros países de nuestro entorno, como Portugal, que recientemente ha aprobado una nueva normativa que permite el desarrollo del autoconsumo de hasta 1 MW sin peaje y la venta del excedente a un 90% del precio del mercado-.

Estamos viviendo una auténtica discriminación contra la energía fotovoltaica. Por el mismo principio de penalizar el ahorro energético, ¿tendríamos que penalizar a los que utilicen electrodomésticos eficientes o usen una bolsa de agua para calentarse en vez de encender más la calefacción? ¿Y a los que emprendan un plan de eficiencia energética cambiando las ventanas de casa?

¿Cuál es el porqué de la discriminación a los autoconsumidores fotovoltaicos con respecto a los cogeneradores, exentos de contribuir con un peaje extra al sistema hasta el año 2019 según el borrador? ¿O con respecto a las centrales tradicionales de producción de energía que autoconsumen, al menos, un 10% de lo que producen?

No son números insignificantes, hablamos de que si se impusiese el peaje a los más de 5.000 GW/h de cogeneración que se autoconsumen al año y lo sumamos al autoconsumo de las centrales de generación tradicionales, el Gobierno recaudaría en poco más de 15 meses el total del recorte impuesto a la industria fotovoltaica en su conjunto.

“El problema del déficit nos ha hecho olvidar que el objetivo de la política energética debe ser el de asegurar la disponibilidad futura de una energía limpia y eficiente”

Si finalmente el “impuesto al sol” se aprueba en los términos previstos, cerrará con él la puerta al desarrollo tecnológico que supondría, y desperdiciará el potencial de generación de empleo, riqueza y competitividad del autoconsumo energético. Sólo con 200 MW anuales de autoconsumo, compitiendo sin primas pero sin barreras, la fotovoltaica podría generar 6.000 puestos de trabajo directos en cuatro años.

Pero no todo ha sido negativo en 2014

La internacionalización de nuestras empresas se ha consolidado, con fuerte presencia en todos los mercados, desde Japón a Chile. También ha sido el año del florecimiento de las instalaciones desconectadas de la red; un interesante mercado que tiene una importante trayectoria por delante, estimulada por la cada vez mayor accesibilidad de las baterí- as. Se han comenzado a generalizar las instalaciones de autoconsumo agrario, con excelentes resultados en retorno de la inversión. También hemos registrado un incipiente despegue de este tipo de instalaciones en segundas residencias.

En 2015, todo apunta a que la energía fotovoltaica volverá a sorprender con un nuevo aumento en todo el mundo, lo que estimulará el crecimiento de la industria, mayor inversión en I+D y, en definitiva, crecimiento económico en los mercados en los que esté presente.

Para la industria nacional de energías renovables, 2015 será un año decisivo. Con el horizonte de las elecciones autonómicas y generales, el Gobierno se enfrenta en los próximos meses al escrutinio de la ciudadanía y a una gran mayoría de partidos que se han comprometido a revertir esta situación de injusticia jurídica y social, a dialogar con los inversores y a fomentar el autoconsumo.

España puede optar por liderar el cambio de modelo a nivel mundial, y aprovechar todo el potencial del sector de las energías renovables como generador de empleo y desarrollo industrial. O puede alejarse aún más de esta tendencia, y permanecer anclada en un sistema de producción de energía ineficiente y que, en último término, penaliza al consumidor final, obstaculizando su acceso a la reducción de costes y, en definitiva, la libre competencia en el mercado de nuevas tecnologías disruptivas.

España debe comprometerse con sus objetivos y regular en consecuencia. El problema del déficit nos ha hecho olvidar que el objetivo de la política energética debe ser el de asegurar la disponibilidad futura de una energía limpia y eficiente. Si no recordamos dónde vamos, no encontraremos el camino.

“- ¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?

– Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar.

– No me importa mucho el sitio.

– Entonces, tampoco importa mucho el camino.”

“Alicia en el país de las maravillas”, Lewis Carroll.